miércoles, 8 de marzo de 2017

Encrucijadas del sindicalismo ante un gobierno liberal.-


En la década del 90 el sindicalismo sufrió una encrucijada parecida, quizá “más justificada” porque el liberalismo hizo su ascensión fue de la mano del triunfo del Partido Justicialista en las elecciones de 1989.
Está claro, de todas maneras, el sindicalismo no puede apoyar ningún gobierno, cualquiera fuere el signo político, que ejecute políticas liberales.

Este tipo de políticas siempre golpean a los sectores populares y como consecuencia de ellos a los trabajadores.

Sin embargo, un sector importante del sindicalismo ha quedado atrapado en una telaraña que ellos mismos fabricaron de la cual no pueden, ni saben salir.

Las críticas acérrimas al kirchnerismo - muy poco justificadas – volcaron a ciertos sindicatos a apoyar – en algunos casos en forma implícita y otros en forma explícita – a la candidatura de Mauricio Macri, inclusive a algunos dirigentes como Hugo Moyano que de mucha importancia en la resistencia al gobierno liberal que encaró en aquel entonces Carlos Menem.

Gremios enrolados en la CGT – no todos – “luchaban” contra la “terrible cuestión ganancias”, mientras que en la actualidad a pesar de los índices de desempleo; las suspensiones que se suceden a diario: el veto a la ley de antidespidos; el aumento las tarifas de los servicios públicos; el inflación que prácticamente se duplicó; la salarios que día a día pierden poder adquisitivo, aún están pensando si van a hacer una medida de fuerza.

Una respuesta muy anticipada a esto la dio en su momento el Secretario General de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo – insospechado de ser Kirchnerista – cuando le preguntaron por quien se inclinaba Scioli o Macri y el mismo contesto: “Prefiero seguir discutiendo ganancias con la continuación de este gobierno y no puestos de trabajo y rebajas salariales con Macri”.

Esto no era premonitorio, sino una simple observación de la cuestión política.

Hoy el Secretario General de la Asociación Bancaria lidera lo que se ha dado en llamar Corriente Federal de los Trabajadores; más el Núcleo del MTA, aunque con algunas bajas como Guincheros; Dragado y Balizamiento; Camioneros, entre otros.

Este conjunto de sindicatos – Asociación Bancaria incluida – es la verdadera oposición sindical al modelo liberal. Asimismo esta corriente tiene lazos con ambas CTA, lo que es de vital importancia para los trabajadores, puesto que desde el sector que se enfrenta a las políticas de pauperización de los sectores populares se está forjando una unidad en la acción.

Ahora bien, la conducta que reflejan los sindicatos que han quedado atrapado en la encrucijada macrista, implican varias consecuencias:

1)     Por un lado se están cavando su propia fosa puesto que ante el panorama político actual y su posible proyección pueden verse sobrepasados por las bases o van a producir el desánimo de las mismas, cualquiera de estos resultados –por causas diferentes- hacen mella negativa en esas organizaciones sindicales.

2)    Ponen en duda el modelo sindical argentino, no porque este no sea – según mi punto de vista – el mejor modelo de acumulación de la fuerza y potencia conflictiva, sino porque las conductas de los dirigentes hacen que, para la opinión pública y para aquellos que no están consustanciados con lo que implica el modelo sindical y su filosofía interna – conducta y modelo se identifiquen a pesar que es una identificación irreal.

3)    El posible ascenso del sindicalismo trotskista. Este no es malo por sí mismo, pero las experiencias históricas como las de SITRAC Y SITRAM por ejemplo, tienen como resultado la proliferación de sindicatos por empresa y la desconcentración de la fuerza de los trabajadores.

Ello que mal se llaman sindicatos clasistas, en el fondo, atentan contra la fuerza de los trabajadores, precisamente, por la desconcentración o descentralización sindical.

Además un problema grave de los sindicatos comandados por trotskistas es que los conflictos son a todo o nada y si el conflicto no llega a buen puerto los daños para los trabajadores son inmensos. La negociación, prácticamente, no es una opción.
        
El daño que está haciendo este sindicalismo cuya tela de araña ha sido de su propia arquitectura y en la que ha quedado atrapado es más que importante.

Queda planteado así con conflicto macro – intersindical del cual depende el futuro de los trabajadores y por ende del país.

Esta puja se encuentra dada entre el sindicalismo enmarañado y el sindicalismo que responde a las demandas populares.

Hay una gran oportunidad si el conflicto se decanta hacia estos últimos que van dando pequeños pero constantes pasos para ganerse el apoyo de la mayoría de los trabajadores en el ámbito macro – estructural.

Si el sindicalismo que prevalece es el enmarañado tendrá que ser con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes, sino el futuro será muy aciago o con una conflictividad desorganizada.

Black Canary

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