jueves, 27 de diciembre de 2012

La dicotomía sindical como manifestación de la puja entre dos sociedades


25.12.201206:00
MOVIMIENTO OBRERO

La dicotomía sindical como manifestación de la puja entre dos sociedades

Si bien durante algunas épocas la unificación sindical se logró, en casi todos los períodos importantes de nuestra historia convivieron por los menos “dos” centrales, aunque la sigla CGT logró proyectarse en el imaginario como una idea monolítica más allá de sus divisiones.
    Desde los comienzos de la historia sindical argentina hubo divisiones que tuvieron que ver con las distintas vertientes políticas inmigratorias (anarquistas, socialistas, comunistas y social cristianos) que dieron origen al sindicalismo argentino.

    Con la aparición del Peronismo como expresión del movimiento nacional aglutinador de la clase trabajadora, la CGT se convirtió en esa figura “monolítica” como cumbre de un modelo sindical que promociona la unidad en la acción como eje fundamental de la fortaleza de los trabajadores.

    Sin embargo, y a pesar de ello, la CGT no estuvo exenta de divisiones. La puja que el Movimiento Nacional ha tenido y tiene en su seno en términos de la realización de una sociedad con Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social, versus una sociedad conservadora, dependiente y elitista, siempre se ha replicado en la organización obrera.

    El mayor ejemplo de ello ha sido la década del 60, sobre dos proyectos distintos de sociedad, cuyas expresiones sindicales fueron las CGT colaboracionista y la CGT de los Argentinos: la primera ligada a la dictadura de Onganía, y la segunda fiel a la tradición liberadora del movimiento obrero argentino, de la Resistencia y del proyecto nacional. Tales manifestaciones obreras conllevaban gérmenes golpistas por un lado - tanto por acción como por omisión- y gérmenes democráticos por otro.

    No es un detalle menor destacar que el rol del movimiento obrero organizado en un proyecto nacional es fundamental, porque siempre será el motor de cambio de una sociedad.

    La coyuntura actual del sindicalismo impone la responsabilidad histórica que tiene esta cuestión dicotómica del movimiento obrero, y su resolución en función de un proyecto liberador.

    Más allá del “número” de formaciones sindicales que se arrogan la titularidad como central obrera (CGT Caló, CGT Moyano, CTA Yasky; CTA Micheli; CGT Barrionuevo), están en pugna “solo” dos visiones de sociedad.

    Los hechos del día 21 de diciembre han puesto un manto de sospecha sobre una parte del sindicalismo argentino, en cuanto a su participación para generar acciones desestabilizadoras de una democracia que pugna por llegar a una sociedad igualitaria en todo sentido.
    La coyuntura actual del sindicalismo impone la responsabilidad histórica que tiene esta cuestión dicotómica del movimiento obrero, y su resolución en función de un proyecto liberador.

    La participación de gente ligada al gremio de camioneros; las declaraciones de Julio Piumato en consonancia con las de Vilma Ripoll, referidas a que estamos en un escenario idéntico –nada más lejos de ello y los actores sindicales lo saben– al del 2001, o las declaraciones de Micheli sobre una “guerra nuclear”, no hacen más que acentuar el manto de sospecha al que nos referimos.

    Más allá de los nombres y de las intenciones, los trabajadores y los dirigentes sindicales deben saber que nada bueno puede sucederle a la sociedad si la derecha más recalcitrante y oligárquica apoya o aplaude, a veces en silencio y otras no tanto, determinadas acciones.

    La concreción de un proyecto nacional independiente, transformador e igualitario depende mucho de cómo resuelva esta dicotomía el movimiento obrero.

    La (escasa) convocatoria de este último 19 de diciembre a Plaza de Mayo, no deja de ser un índice alentador de cómo los trabajadores piensan ir resolviendo esta división.

    Algunos dirigentes pueden tener distintos puntos de vista en torno a con que velocidad deben desenvolverse las transformaciones sociales y cuáles deben ser, pero el planteo y el debate sobre esas diferencias deben llevarse a cabo con buena fe, fuera de toda apetencia personal, y con una responsabilidad sindical tal que no pongan en peligro las importantes y cuantiosas evoluciones e innovaciones sociales logradas y, fundamentalmente, la democracia.

    Cuando un proyecto nacional se aborta los primeros perjudicados son los trabajadores, y la democracia efectiva peligra.

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