viernes, 10 de febrero de 2012

ZONCERA: NEGOCIACION SALARIAL E INFLACION


Aumentos de Salario e Inflación.-

Muchas veces se recurre a muletillas, o más bien dicho como diría “Don Arturo” a zonceras que se instalan y terminan como “verdades reveladas”.

Una de ellas es que los aumentos de salarios presionan sobre el mercado y el consumo tendiendo a producir brotes o rebrotes inflacionarios.

La zoncera se caracteriza por tener algún basamento real, sobre la cual se construye un sofisma para instalarse como verdad.

Y en cierta lógica lineal pareciera tener cierto sentido que si se aumentan los sueldos pueden aumentar los precios y dispararse la inflación.

Muchos economistas liberales construyen sobre esta lógica para arengar que los aumentos de salarios pueden producir distorsiones importantes en el mercado y, por lo tanto, desbalancear la ecuación.

Es por ello que en los períodos dictatoriales y/o neoliberales es donde más fuerza cobra la idea de eliminar las negociación colectiva y la negociación salarial o, en ciertos casos, más sutilmente, atar los aumentos de salarios a un concepto que tiene miles de aplicaciones como lo es la productividad.

Esta idea siempre es acompañada además con una segura reforma que involucre reducción de indemnizaciones, modificación de la negociación colectiva etc. ( Ver las reformas que se pretenden aplicar en España o ahondar en las relaciones laborales que se plantearon cono corolario en la década del 90 en nuestro país.)

Todo ello tiene su complementación en un posterior laissaiz faire, laissaiz pasaire ( dejar hacer, dejar pasar ) que hace a la consustanciación y reinado del “Dios Mercatum”.

Esa lógica para defenestrar los reclamos y aumentos salariales se sustentan, precisamente, en una lógica de mercado que poco tiene que ver con la realidad.

Para poner un ejemplo, mucho se ha hablado de la participación en las ganancias, pero los empresarios no se oponen a ella por una posible mínima, casi miníscula, exacción de su plusvalía, sino porque ello conlleva revelar información a los trabajadores, para que estos, efectivamente, puedan controlar si se aplica bien la ecuación ganancial.

¿Porque traigo a colación este ejemplo?

Porque la información es esencial en cualquier estamento y mucho más en el ámbito de las relaciones laborales.

Porque en realidad es una falacia afirmar que los aumentos salariales  “per se” generan o impulsan decisivamente la inflación.

Para ver la incidencia de un aumento salarial respecto de la inflación, lo primero que hay que ver es como se diseña la estructura de costos de una empresa y de una actividad.

Por lo general, salvo excepciones claro está, la incidencia en el costo de un aumento como los que se han venido dando y como los que se reclaman no generan efectivamente grandes impactos en la estructura de costos, motivo por el cual poco se puede argüir desde ese lugar sobre un posible impacto inflacionario.

Si el impacto en la estructura de costo no es grande, mucho menor lo es en la cadena de valor por lo tanto queda claro que los aumentos salariales, desde ese punto de vista, no generan, ni le dan impulso a la inflación, por lo menos en forma directa.

La otra cuestión que queda – porque la lógica de mercado así lo exige – es: Entendido que el aumento por si mismo no genera inflación, lo cierto es que hay más plata en la calle y más demanda y, como lo bienes son escasos, en la medida que se los demandan estos tienden a aumentar.

Esta es otra de las “máximas” de mercado cuya respuesta es más simple de lo que parece, los bienes son escasos si no se los produce y habiendo capacidad para producirlos no debieran ser escasos.

En tal sentido es importante analizar la cadena de valor y es allí donde encontraremos la respuesta sobre los aumentos de precios y, es allí donde se debe actuar.

Si la cadena de valor se encuentra “saturada” de intermediarios y, además, los principales productos se encuentran oligopolizados en su producción, distribución y/o comercialización tendremos que en realidad “El Mercado” no es un lugar donde juegan libremente la oferta y la demanda, sino que son decisiones de política emresarial que se entremezclan con las de política a secas donde los precios aumentan por tales decisiones, que además – salvo alguna batalla comercial concreta, por mayor concentración en el mal llamado Mercado – se cartelizan.

Lo que hace que en realidad ese imaginario llamado mercado no exista como tal y, por supuesto, sus leyes tampoco.

En tal sentido es claro y evidente que los aumentos salariales y por lo tanto tanto los reclamos de esa índole, como la negociación salarial no juegan, en verdad, un papel importante en la formación de precios.

En realidad cuando mediáticamente y desde el establishmente se les asigna ese rol es porque se está atacando la redistribución de la renta y los ingresos, pero además se ataca el actual modelo de acumulación para volver a reinstaurar modelos – que no fracasaron, porque los que tenían que ganar ganaron – antipopulares como se está viendo en la Unión Europea.

Carlos Luis Robinson Marin
Especialista en Derecho Sindical

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