miércoles, 25 de julio de 2012

Relación sobre Modelo Sindical y Democracia Interna


Mucho se ha debatido – y se va a debatir – sobre el modelo sindical argentino. Las divisiones actuales del movimiento obrero, probablemente, actúen como nuevo disparador de dicho debate.
Algunos dirán que esa división es la muestra palmaria de que el Modelo Sindical Argentino está en crisis y que debe ser reformulado.
Lo cierto es que ese modelo es – a pesar de ciertos “personajes” que no solo denigran el modelo, sino al sindicalismo – ha sido exitoso a lo largo de la historia sindical argentina y han hecho que el sindicalismo argentino haya sido y sea uno de los más potentes del mundo.
El sindicalismo argentino, el movimiento obrero argentino – con todas sus contradicciones – fue el que mantuvo viva la llama de un proyecto nacional. A partir de 1955 “LA RESISTENCIA” tuvo su base, fundamentalmente, en el movimiento obrero, tomando las banderas que el proyecto nacional inicio en 1945.
El Golpe de 1955 quiso a toda costa destruir el modelo sindical argentino – ese sistema de promoción del sindicato único y por actividad – y lo intento con todas las armas – con la persecución y la represión – pero también desde el andamiaje legal. Es así que la dictadura militar surgida en 1955 dictó el decreto – ley 9279/56 en el cual se pretendía imponer  un modelo inverso al actual.
La tradición sindical argentina pudo más, dicha legislación nunca pudo ser aplicada en la práctica porque la cultura e idiosincrasia sindical nacional fue más fuerte.
Lo que hay que avizorar es que el órgano sindical máximo ( La CGT a partir de 1930 ) siempre alterno períodos de unidad y períodos de divisiones y, en la década del 90 se formaliza una división (CGT – CTA) con cierta vocación de permanencia.
Sin embargo, en los estamentos inferiores, sindicatos de primer (los llamados sindicatos de base) y segundo grado (federaciones) ya fueren enrolados en la CGT o en la CTA, el modelo sigue incólume y sin miras que los trabajadores quieran reformularlo, porque no hay reformulación de un modelo sindical sin la voluntad de los trabajadores de hacerlo.
Podemos debatir si para que este modelo funcione mejor se necesitan retoques a la ley, pero no hay fuerza sindical y no hay verdadera libertad sindical sin concentración sindical, no se puede hablar de libertad sindical con atomización sindical porque ello es en sí mismo una contradicción y una falacia.
El debate en realidad no debe centrarse sobre el modelo sindical, sino en cómo aportamos para perfeccionar la democracia sindical en las organizaciones gremiales.
Debemos debatir si la denominada carrera sindical – o sea el requisito de que el trabajador tenga un “recorrido” de cargos previos antes de poder postularse como candidato a la comisión directiva - que algunos estatutos imponen no es un escollo para la conformación de listas.
Debemos debatir, porque algunos estatutos así la prevén como requisito, si para presentar una lista a nivel de la conducción nacional la agrupación debe presentar listas para disputar la conducción en todas las seccionales y pensar si ello no obstruye el derecho a ser elegido.
Debemos debatir si aquellos que se afilian a una entidad no merecen una protección tutelar que impida que por un tiempo el trabajador sea despedido, porque el “desaliento” a la afiliación existe y es un escollo indirecto para la participación sindical.
Debemos debatir, más allá de la afiliación, como se promociona y se protege la participación interna de los trabajadores no solo en las elecciones sindicales, sino en las asambleas, congresos, comisiones y demás actividades que hacen a la acción sindical.
En resumen, el debate no debería ser sobre el modelo, porque a mayor concentración sindical, mayor fuerza de los trabajadores y por ende mayor libertad sindical.
El debate debería ser como aportamos al perfeccionamiento de la democracia sindical en las organizaciones gremiales en general y a la democratización de algunos gremios en particular.
Carlos Luis Robinson Marin
Especialista en Derecho Sindical

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